Máster de Cultura Científica EHU/UPNA 2023/2024
Matemáticas de la vida cotidiana. Ejercicio 3. Redacción artículo
La pandemia de gripe A (H1N1) fue la primera pandemia declarada como tal por la OMS (antes de la aparición del SARS-CoV-2). Desde la detección del nuevo virus en la primavera de 2009 hasta que se declaró la fase postpandémica (en la que el virus pasó a cohabitar con el resto de virus de la gripe estacional) la OMS da como comprobadas 18.500 muertes pero estas fueron solo las certificadas en laboratorio. Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades la cifra podría haber sido de entre 151.000 a 575.000 en todo el planeta (con más mortalidad entre jóvenes que otras cepas del virus) y con decena de millones de afectados en todo el mundo.
La aparición de la gripe porcina (por un salto entre especies) y su declaración como epidemia global movilizó a los expertos en epidemiología para diseñar estrategias de contención del contagio ya que era la primera pandemia de gripe en varias décadas. En los primeros meses, antes de su declaración como pandemia por la OMS, se trabajó en determinar diferentes características de este nuevo virus (como se haría 11 años después con el nuevo coronavirus) que sirvieran de base para tomar decisiones y entre esos trabajos se buscó conocer el número de reproducción básico de la enfermedad R0, es decir, conocer cómo de rápido se propagaba el nuevo virus o a cuántas personas era capaz de infectar una persona con la enfermedad. De hecho, en aquellos años, aumentó considerablemente el número de trabajos a este respecto.
El conocer este índice es básico ya que es la base para estimar qué porcentaje de población susceptible de contagiarse debe estar protegida para que no suceda un brote (S0 mayor 1/R0) y esto se consigue o bien con vacunas si las hay o tomando medidas de aislamiento y contención. De hecho, en los primeros compases de la pandemia se tomaron medidas en este aspecto como el cierre de colegios en varios países de América Latina y de Estados Unidos, entre otros, para cortar la transmisión del virus.
Según Benjamin Ridenhour, Jessica M. Kowalik, y David K. Shay El número reproductivo básico (R0): consideraciones para su aplicación en la salud pública Am J Public Health. 2018 December; 108 (Suppl 6): S455–S465 los diferentes estudios que se llevaron a cabo arrojaron números de reproducción básica que iban desde el 1,03 a más del 2,9 con una alta variabilidad según qué grupo poblacional o en que región se hiciera el cálculo pero se opta por un 1,5. Trabajos como el de L. Simón Méndez et al. Transmisibilidad y gravedad de la pandemia de gripe A(H1N1)2009 en Espa ˜/ Gac Sanit. 2011;25(4):296–302 apuntan a que en España el R0 en fase de crecimiento de la onda epidémica fue del 1,29.
El conocer el R0 es básico para establecer cómo de virulento es el virus y para hacer modelos de cómo puede evolucionar la epidemia, pandemia en este caso. El más sencillo pero más claro para explicar esta evolución es el Modelo SIR diseñado en 1927 por Kermack y McKendrik que también se utilizó en los primeros compases de esta pandemia. Supone compartimentar a la población en, al menos, tres grupos (población susceptible de contagiarse en un momento determinado, infectados en ese mismo momento y población recuperada ya sea por inmunidad o muerte). A través de ecuaciones diferenciales en las que se tiene en cuenta el R0, se obtiene gráficas de cómo puede ser el avance y su duración. Así, conforme baje el número de personas susceptibles (porque ya han sido infectadas y tienen inmunidad o porque la han obtenido vía vacunación o por ambas -inmunidad cruzada-), más bajará el número de personas infectadas y más subirá la curva de recuperados y se estará un paso más cerca del fin del brote.
Así, en esta pandemia la población S (susceptibles de infectarse) era el total de la población N pero el volumen de S fue bajando conforme subió el valor de I (infectados a lo largo del tiempo), lo que llevó a aparecer el tercer parámetro: la cantidad de recuperados o R. Con medidas de distanciamiento (como el cierre de escuelas) y después con la modificación de las vacunas para introducir la nueva cepa, se logró rebajar R0 y que la evolución de I fuera más lenta al bajar también el volumen de susceptibles S. Una vez el volumen de recuperados R fue más alto que el de susceptibles (por aislamiento, inmunidad natural o adquirida o por ambas), se pudo dar la pandemia por acabada porque tampoco mutó el virus y se integró como uno más.
Y esta evolución se puede modificar si se modifican parámetros como el R0 ya sea reduciendo el volumen de población susceptible vía vacunación o rebajando el R0 con medidas de salud pública como cierre de escuelas o aislamientos. Con un R0 disminuido, se ralentiza la transmisión. Por ejemplo, en la pandemia de coronavirus y según el Ministerio de Sanidad, se estimaron valores de R0 de "entre 1,5 y 6,5 durante la epidemia en Wuhan", mismos valores que estudios realizados en Italia, pero las medidas de salud pública y de distanciamiento físico "tuvieron un impacto directo en la disminución de R0".
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